Mamá y nuestra relación con la comida
La primera conexión que tenemos con el mundo es alimentaria. Llegamos al pecho materno por necesidad, pero pronto ese acto se convierte en ritual, en consuelo, en vínculo irrompible y eterno.

Opinión 51 | Columna Invitada
10 de mayo de 2025 3 min

Por Adriana Sandoval
El 10 de mayo era el mejor día para mi mamá. Lo esperaba con la ilusión de una niña: flores, regalos, mañanitas, comida especial. Todo el día era suyo. Durante años me pareció exagerada, incluso histriónica. Y hoy, cinco años después de su partida, la extraño y en este día, más que nunca.
Sí, esta columna es sobre nutrición. Pero también es sobre vínculos. Sobre mujeres. Sobre linajes que no caben en una etiqueta de información nutrimental. Y sobre todo es un homenaje a mi madre.
Porque la primera conexión que tenemos con el mundo es alimentaria. Llegamos al pecho materno por necesidad, pero pronto ese acto se convierte en ritual, en consuelo, en vínculo irrompible y eterno.
Nuestra relación con los alimentos nace en casa, y en México, como en muchas culturas, esa casa tiene rostro femenino. El 76% de los hogares tiene a una mujer como principal responsable de la preparación de alimentos (ENSANUT 2022). En las zonas rurales, este porcentaje se eleva a más del 80%.
Yo crecí en una casa donde se comía arroz, papas, fideo y tortillas como si no pertenecieran al mismo grupo de alimentos. La abundancia era símbolo de bienestar. Y en esa confusión nutricional, tan común, tan mexicana, decidí convertirme en nutrióloga. Fue mi madre, sin saberlo, quien me llevó a descubrir la pasión de mi vida. Mi punto de quiebre fue su diagnóstico de diabetes tipo 2, una enfermedad que hoy padecen más de 12 millones de mexicanos y que causa más de 100 mil muertes al año, muchas de ellas prevenibles con un diagnóstico oportuno y cambios en el estilo de vida. En el caso de mi madre, fue tarde. Y al final, su enfermedad terminó llevándosela.
También fue ella quien determinó, sin saberlo, qué sí y qué no entraba a mi plato: no probé las lentejas hasta los 20 años porque a ella no le gustaban. Un ejemplo de lo fuerte es el legado alimentario que dejamos sin darnos cuenta. Detrás de cada alimento hay una historia. A veces de abundancia, otras de escasez; a veces de ternura, otras de frustración. Pero siempre, siempre de afecto.
Estos son algunos sabores que traen a mi mamá de vuelta:
- La papaya picada que me dejaba en el buró cada mañana
- Los buffets de hotel en Acapulco que tanto le gustaban.
- Las medias de seda que compartía con sus amigas entre café y risas
- El frutero siempre lleno, como símbolo de hogar
- El lomo en Coca-Cola que sólo a ella le gustaba
- El cuete mechado, que siempre generaba discusión
- El arroz, que nunca faltaba en la mesa
- Las galletas Ritz con queso crema, su antojo más sencillo
- El arroz verde gratinado, que servía sólo en ocasiones especiales
Hoy hablamos de alimentación pero no sólo desde las calorías y las etiquetas. También desde la memoria. Desde la historia. Desde el duelo.
Como conclusión, más que una lista de recomendaciones, quiero invitarte a hacer memoria.
Respóndete con calma:
- ¿Qué alimentos te dan paz?
- ¿A qué olía la casa de tus padres cuando llegabas de la escuela?
- ¿Qué platillo de casa de tus abuelos recuerdas con más cariño?
- ¿Con qué comida te consentía tu madre el día de tu cumpleaños?
- ¿Cuál era tu restaurante favorito de la infancia?
- ¿A qué sabía tu pastel de cumpleaños?
El 10 de mayo puede ser un día de consumo, pero también puede ser una pausa. Un regreso. Un reconocimiento.
A todas las madres que alimentan con lo que tienen, con lo que saben, con lo que pueden: gracias.
Y a quienes, como yo, que aprendimos a amar la comida y la vida a través de ellas, este día es también para recordar que nutrir va mucho más allá del plato ¡Gracias mamá!
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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