Edulcorantes: hablemos de ellos con ciencia, no con miedo
Pocas palabras relacionadas con la alimentación generan dudas como “edulcorante”.

Opinión 51 | Columna Invitada
16 de octubre de 2026 4 min

Por Laura Miranda*
Pocas palabras relacionadas con la alimentación generan tantas dudas como “edulcorante”. Con frecuencia se habla de ellos como un riesgo a partir de lecturas parciales de la ciencia, lo que ha confundido a muchas personas. Lo curioso es que casi todos estamos de acuerdo en algo: necesitamos reducir el consumo excesivo de azúcar, y los edulcorantes bajos o sin calorías llevan décadas de investigación que respaldan su papel para lograrlo.
En México, esto es importante. El sobrepeso y la obesidad siguen siendo uno de los principales retos de salud del país, y la diabetes es una de las enfermedades crónicas que más afectan a las familias y al sistema de salud. Si bien reducir el consumo de azúcares libres es importante, debemos encontrar alternativas que nos permitan hacerlo sin renunciar al sabor dulce de los alimentos y bebidas que nos gustan.
Cambiar la receta sin cambiar el sabor
Una de las respuestas más concretas ha sido la reformulación, es decir, cambiar la fórmula de un producto para que tenga menos azúcar y menos calorías, pero siga sabiendo bien. Los edulcorantes bajos o sin calorías lo hacen posible porque son cientos de veces más dulces que el azúcar, así que basta muy poco para endulzar y prácticamente no suman calorías. Dado que cada edulcorante tiene características distintas, su combinación permite ajustar el perfil de dulzor y reducir el contenido de azúcar sin perder las cualidades sensoriales que las personas buscan.
¿Pero son seguros?
Es lo primero que cualquiera se pregunta. Los edulcorantes están entre los ingredientes más estudiados del mundo, y su seguridad ha sido evaluada por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y por la FDA de Estados Unidos. En México, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) autoriza su uso con base en evaluaciones de seguridad.
Para cada uno se define una ingesta diaria admisible (IDA), que es la cantidad que se puede consumir todos los días durante toda la vida sin un riesgo apreciable para la salud, calculada con amplios márgenes de seguridad. Y los estudios muestran que el consumo habitual de los edulcorantes evaluados se encuentra, en general, por debajo de esos límites.
Además, su seguridad no se revisa una sola vez. La EFSA está reevaluando los edulcorantes aprobados en Europa antes de 2009, y las revisiones que ya concluyeron han permitido actualizar sus evaluaciones de seguridad.
¿Y realmente ayudan?
Los ensayos clínicos, uno de los tipos de investigación más rigurosos en salud, muestran que sustituir el azúcar por edulcorantes bajos o sin calorías puede contribuir a reducir la ingesta calórica y favorecer una pérdida de peso modesta. Su utilidad a largo plazo depende también del conjunto de hábitos alimentarios y del estilo de vida.
Para las personas que viven con diabetes, pueden ser una alternativa para sustituir el azúcar, ya que los edulcorantes bajos o sin calorías, consumidos por sí solos, generalmente no elevan la glucosa en la sangre. Por eso, organizaciones como la Asociación Americana de Diabetes, la Asociación Británica de Dietética (BDA), la Fundación Británica de Nutrición (BNF), Diabetes UK y la Federación Mexicana de Diabetes, así como las guías europeas de alimentación para personas con diabetes, contemplan su utilización como sustitutos del azúcar en determinados contextos y como parte de un estilo de vida saludable. No son por sí solos la solución, pero sí pueden ser una herramienta útil a la hora de comer.
A esto se suma un beneficio que con frecuencia se pasa por alto: la salud dental. A diferencia del azúcar, los edulcorantes bajos o sin calorías no son fermentados por las bacterias de la boca de la misma manera que los azúcares, por lo que no favorecen la producción de los ácidos que causan las caries. De hecho, la EFSA ha reconocido beneficios para el mantenimiento de la mineralización dental cuando determinados sustitutos del azúcar reemplazan a los azúcares en alimentos y bebidas.
¿Y el gusto por lo dulce?
Se dice con frecuencia que los edulcorantes “acostumbran” al paladar a lo dulce y terminan aumentando el antojo. La evidencia disponible no demuestra de manera consistente que su consumo aumente el gusto por lo dulce, por el azúcar o por los productos dulces, ni que cambie nuestras preferencias de sabor. En muchos casos, los edulcorantes bajos o sin calorías pueden ayudar a satisfacer el gusto por lo dulce, reduciendo el consumo de azúcares y calorías.
Nada de esto los convierte en una solución mágica ni en la única, pero son una herramienta útil para reducir la ingesta de azúcares y calorías como parte de una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable. Si queremos comer menos azúcar, vale la pena considerar las alternativas disponibles y evaluar sus beneficios y limitaciones a partir de la evidencia científica. En la Asociación Internacional de Edulcorantes seguiremos compartiendo esa evidencia, porque una conversación informada empieza por hablar de los edulcorantes con ciencia, no con miedo.
*Laura Miranda es directora para Latinoamérica de la Asociación Internacional de Edulcorantes (ISA, por sus siglas en inglés).
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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